Columna por Dra. Erica Castro Inostroza. Desde la aparición del SARS-CoV-2 asociado al COVID-19, ha habido 100 millones de casos confirmados y más de 2 millones de muertes en 191 países en todo el mundo hasta enero de 2021. Según la Organización Panamericana de la Salud, desde el inicio de la pandemia hasta septiembre de 2020, se habían registrado en América 60.458 casos confirmados de COVID-19 en gestantes, considerando 458 fallecimientos.

Las embarazadas son particularmente vulnerables a los patógenos infecciosos emergentes, debido a las alteraciones en la fisiología del sistema inmune, sistema respiratorio y cardiovascular que ocurre durante este período. Afortunadamente, a diferencia de los coronavirus que precedieron a SARS-CoV 2: SARS-CoV asociado al Síndrome Respiratorio Grave y MERS relacionado al síndrome respiratorio de Oriente Medio los cuales mostraron un curso bastante agresivo con altas tasas de mortalidad y morbilidad materna y fetal, SARS-CoV 2 muestra resultados maternos similares a las de la población general, no obstante, el riesgo a complicaciones o a requerir hospitalización o cuidados intensivos aumenta, si la embarazada presenta factores de riesgo como obesidad, enfermedad pre-existente y pobreza. Así, si bien la transmisión vertical desde la madre al hijo o hija, no ha mostrado evidencias estadísticamente significativas, no está del todo descartada.

Actualmente hay más de 300 ensayos que exploran terapias para COVID-19, pero en todos ha habido una exclusión casi universal de las mujeres embarazadas, a pesar de que muchos de estos ensayos han empleado fármacos que ya se utilizaban de manera amplia y segura en la gestación como es el caso de la azitromicina intraparto para disminuir la morbilidad infecciosa materna y neonatal y la combinación lopinavir más ritonavir como terapia antirretroviral para prevenir la transmisión vertical del Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH), entre otros.

En el caso de los ensayos de vacunación, las gestantes y lactantes fueron excluidas de los 87 ensayos iniciales de la vacuna COVID-19, por ende, faltan antecedentes para concluir y orientar la toma de decisiones en estas etapas del curso de vida. Sin embargo, de lo publicado, los resultados resultan bastante promisorios. En una investigación reciente se evaluó la administración de vacunas de ARNm de COVID-19 a 84 embarazadas y 31 mujeres en período de lactancia, donde se observó que los títulos de anticuerpos inducidos por la vacuna fueron equivalentes en gestantes y en mujeres amamantando en comparación con mujeres no embarazadas. Las vacunas estudiadas generaron una robusta inmunidad humoral y ésta fue significativamente mayor que la respuesta observada en 118 embarazadas que tuvieron una infección transmitida por el entorno. Los anticuerpos generados por la vacuna estuvieron presentes en todas las muestras de sangre del cordón umbilical y leche materna. La transferencia de la inmunidad a los/las recién nacidos/as se produjo a través de la placenta y el amamantamiento. No se observaron diferencias en las reacciones adversas en los grupos estudiados respecto a la población general.

¿Vacunar o no vacunar a las gestantes? Dado que las mujeres y los niños son considerados población vulnerable y prioritaria en condiciones de desastre, se hace necesario incorporar a las mujeres durante el periodo perinatal y lactantes en ensayos clínicos para el desarrollo de vacunas COVID-19 en estas etapas. Si bien no existe suficiente evidencia de la utilidad de la vacunación durante el embarazo, por ahora no está sistematizada dentro de las políticas sanitarias, no obstante, se estaría sugiriendo en mujeres con factores de riesgo.

Erica Castro Inostroza

Matrona especialista en Ginecología

Dra. en Microbiología

Investigadora

Departamento Obstetricia y Puericultura

Facultad de Ciencias de la Salud

Columna publicada en Boletín Informativo Obstetricia y Partería en América Latina, Informe Regional 02. Confederación Internacional de Matronas y Fondo de Población de las Naciones Unidas.